martes, 24 de agosto de 2010

'Eclipse', la quiche de los huevos de oro


Todo hacía presagiar que la tercera entrega de la denominada, 'Saga Crepúsculo', sería la parte con más carácter hasta el momento, pues le habían encargado la dirección a David Slade, un realizador cuyas dos anteriores películas ('Hard Candy' y '30 días de oscuridad') tenían un buen nivel. Se esperaba de él que aportara elementos nuevos a la franquicia: atrevimiento, dureza, tenebrosidad... En resumen, más carácter. Pero para mi desilusión, 'Eclipse', como sus dos predecesoras ('Crepúsculo' y 'Luna Nueva') vuelve a pecar de una insufrible blandura.

Una cada vez más inexpresiva y apática Kristen Stewart (y ya comienza a ser preocupante) se debate de nuevo entre el vampiro (Robert Pattinson) y el licántropo (Taylor Lautner). El insulso trío amoroso es el reclamo principal de una historia cuya intrascendente trama secundaria (la de la ya cansina vampira pelirroja), que carece del más mínimo interés, desemboca en una épica batalla final (o mejor dicho épicamente mala) que enfrenta a una alianza de los hombres lobo y los Cullen contra un ejército de vampiros neófitos que pretende acabar con Bella.

Tras ver 'Eclipse', me queda más claro que nunca (quizá he tardado en darme cuenta) que todo esto nunca ha aspirado a más que a ser un fenómeno mediático, sólo se trata de una empalagosa quiche cinematográfica en la que caben vampiros, hombres lobo, música indie, amores prohibidos y terror de saldo. Una quiche que puede ser tremendamente indigesta para aquéllos que hace tiempo que dejamos de sentirnos atraídos por los cuentos infantiles. Bella y sus amiguitos, así podrían haberla llamado, dada la corta edad del público a quién va dirigida (pues sólo niños y adolescentes pueden verla sin querer ir al baño a cortarse las venas en el minuto 3).



Conclusión:

Es un simple vehículo para hacer dinero, llevando a hordas de púberes al cine que luego llenarán sus habitaciones con merchandising hortera de la película. Pero no tenía por qué haber sido así; es innegable que las novelas de Stephenie Meyer enganchan y ya tenían legiones de seguidores antes de que se decidiera trasladarlas a la pantalla. Yo no las he leído, pero me inclino a pensar que son un buen material con el que se podría haber hecho una adaptación con más sustancia y valor artístico. Ingenuamente pensé que Slade se atrevería, pero ya es demasiado tarde, pues los responsables deben pensar que si la fórmula funciona por qué van a arriesgarse a matar a la gallina de los huevos de oro.

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